Los relevamientos muestran que la intención de voto de los rionegrinos se concentra principalmente en dos fuerzas que hoy acaparan la mayor parte de la atención. Lejos de ese escenario, el Fuerza Patria se encuentra rezagado, sin referentes fuertes ni estructura territorial consolidada, lo que lo posiciona en un rol secundario frente a los espacios que canalizan tanto el descontento social como las expectativas de cambio.
Las encuestas reflejan que la intención de voto se concentra en estos dos polos, que representan modelos de gestión y prioridades muy diferentes, pero que coinciden en captar el descontento y las expectativas de transformación de los votantes. JDRN apuesta a consolidar su fortaleza territorial, con candidatos que provienen de la gestión provincial y un mensaje centrado en la defensa de los intereses rionegrinos frente al centralismo porteño.
Por su parte, La Libertad Avanza canaliza parte del voto opositor a través de un discurso de ajuste, orden fiscal y reducción del gasto político, impulsado por el respaldo nacional del presidente Javier Milei y la expansión de su estructura en la Patagonia. Si bien en Río Negro aún enfrenta cuestionamientos internos y polémicas por la selección de candidatos, su presencia crece especialmente en los principales centros urbanos de la provincia.
Muy por detrás, el espacio kirchnerista Fuerza Patria, que promueve la candidatura de Martín Soria, se mantiene rezagado, con un bajo nivel de adhesión y una estructura debilitada por conflictos internos y falta de referentes locales competitivos. Los analistas coinciden en que, salvo un cambio de tendencia de último momento, el justicialismo rionegrino quedará relegado a un papel testimonial en los comicios.
De confirmarse estos pronósticos, las elecciones del 26 de octubre consolidarían un nuevo mapa político provincial, marcado por la disputa entre la gestión provincial de Weretilneck y el avance del proyecto libertario, en un escenario que deja poco margen para las terceras fuerzas y confirma la reconfiguración del voto rionegrino en torno a dos propuestas antagónicas: el modelo de desarrollo con identidad provincial, frente al de cambio impulsado desde Buenos Aires.











