Científicos y nutricionistas coinciden en que la alimentación post-entrenamiento es clave para el rendimiento físico. Carbohidratos, proteínas y una correcta rehidratación son los tres pilares que garantizan la recuperación muscular.
El cuerpo agota sus reservas de glucógeno durante el ejercicio, por lo que se recomienda consumir carbohidratos —como frutas o cereales integrales— en las cuatro horas posteriores.
Las proteínas, por su parte, reparan las fibras musculares dañadas. Una porción de pollo, tofu o legumbres aporta los 20 a 40 gramos sugeridos para optimizar la recuperación.
La hidratación también es esencial. Además de agua, bebidas con electrolitos, leche o jugo natural favorecen la absorción de líquidos y minerales perdidos.
Especialistas subrayan que mantener una rutina alimentaria equilibrada tras el entrenamiento no requiere fórmulas estrictas: un batido con fruta, leche y avena puede ser suficiente para recuperar fuerzas y cuidar la masa muscular.











