Israel lanzó un ataque aéreo en Doha que mató a dirigentes de Hamás y a un funcionario catarí. Catar reaccionó con dureza y acusó a Tel Aviv de sabotear las negociaciones de paz, mientras Estados Unidos expresó preocupación por el impacto en el proceso diplomático en Medio Oriente.

La respuesta de Catar fue inmediata. El emir Tamim bin Hamad al Thani calificó la ofensiva como un acto “traicionero y cobarde” y acusó a Israel de tratar de sabotear las conversaciones de paz por motivos políticos. En la misma línea, el primer ministro y canciller Mohammed bin Abdulrahman Al Thani denunció lo ocurrido como “terrorismo de Estado” y reclamó un castigo ejemplar contra Tel Aviv. El funcionario subrayó además que el ataque se produjo en una zona residencial donde hay viviendas, guarderías y embajadas, lo que considera una violación grave del derecho internacional y de la soberanía de su país.

El ataque se produce en un momento clave, ya que Catar estaba actuando como mediador en las negociaciones para un cese al fuego en Gaza, con el respaldo de Estados Unidos. Desde Washington, el presidente Donald Trump reaccionó definiendo a Catar como “un gran aliado de Estados Unidos” y pidió a Israel ser “muy, muy cuidadoso” con sus acciones militares. Las declaraciones reflejan la preocupación de la Casa Blanca por las consecuencias que la ofensiva pueda tener en el proceso diplomático que impulsa.

El episodio complica de manera significativa los esfuerzos para alcanzar un alto el fuego. Catar había mantenido un rol central como mediador entre Israel, Hamás y Estados Unidos, pero el bombardeo en su propio territorio pone en duda la continuidad de ese papel. Con acusaciones cruzadas y la escalada de tensiones, el futuro de las negociaciones queda en suspenso y la comunidad internacional observa con preocupación un escenario de creciente inestabilidad en la región.

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