En un mundo hiperconectado, donde todo pasa por una pantalla, cada vez más personas eligen reducir su consumo digital. Esta práctica se conoce como minimalismo digital y propone una relación más saludable con la tecnología.

El objetivo no es eliminar los dispositivos, sino usarlos con mayor intención. Aplicaciones como Instagram, YouTube o TikTok están diseñadas para captar la atención durante horas, pero muchos usuarios reportan agotamiento, ansiedad y baja productividad tras largos períodos de uso.

El minimalismo digital sugiere estrategias concretas: desactivar notificaciones, limitar el tiempo de uso, borrar apps innecesarias y establecer “zonas libres de pantallas” en la casa. También promueve volver a actividades como la lectura, la escritura a mano o los encuentros cara a cara.

En Argentina, la tendencia empieza a tomar fuerza en círculos jóvenes y profesionales. Existen talleres, podcasts y libros que abordan este enfoque, como “Minimalismo digital” del autor Cal Newport, que se convirtió en un referente del movimiento.

Psicólogos advierten que el exceso de estímulos digitales puede generar dependencia y afectar el sueño, la atención y las relaciones sociales. “No se trata de demonizar la tecnología, sino de recuperar el control sobre ella”, señala la licenciada Andrea Torres.

El minimalismo digital no es una moda, sino una respuesta al agotamiento moderno. En tiempos de hiperconexión, elegir desconectarse también es una forma de cuidar la salud mental.

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