Con drones ocultos en camiones, Kiev ejecutó su ataque más profundo en territorio ruso, destruyendo más de 40 aeronaves estratégicas en una operación planificada durante año y medio.
En una acción sin precedentes, Ucrania llevó a cabo la «Operación Telaraña», un ataque coordinado con drones que alcanzó cinco bases aéreas rusas, incluyendo instalaciones en Siberia y el Ártico. Más de 40 aviones, entre ellos bombarderos estratégicos Tu-95 y Tu-22, fueron destruidos o dañados, lo que representa un golpe significativo a la capacidad aérea rusa.
La operación, que tomó más de 18 meses de planificación, fue supervisada personalmente por el presidente Volodímir Zelenski y el jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania, Vasyl Maliuk. Los drones fueron introducidos clandestinamente en Rusia y ocultos en estructuras móviles de madera transportadas por camiones, desde donde fueron lanzados remotamente para evadir las defensas aéreas rusas.
Rusia confirmó los ataques, señalando que se produjeron incendios en varias bases aéreas, aunque minimizó el impacto y no proporcionó detalles sobre las pérdidas. El ataque se produce en vísperas de una reunión clave entre Ucrania y Rusia en Estambul, lo que añade tensión a las ya complejas negociaciones de paz.
Este ataque marca una escalada significativa en el conflicto, demostrando la capacidad de Ucrania para llevar a cabo operaciones de largo alcance y golpear profundamente en territorio ruso. Analistas sugieren que esta acción podría tener implicaciones estratégicas y psicológicas, afectando la moral rusa y mostrando la vulnerabilidad de sus instalaciones militares.











