El Alzheimer es una enfermedad compleja, y los expertos coinciden en que diversos factores aumentan el riesgo de desarrollarla. Uno de estos factores, que ha cobrado relevancia en los últimos años, es el impacto de las infecciones en el organismo y su relación con el deterioro cognitivo.
Estudios recientes sugieren que infecciones frecuentes, como las respiratorias o las bucales, pueden jugar un papel clave en la aceleración del Alzheimer. Los gérmenes que ingresan al cuerpo pueden desencadenar inflamación crónica, un factor que afecta la salud cerebral.
Los especialistas insisten en la importancia de prevenir estas infecciones y mejorar la salud general para reducir los riesgos. Mantener una buena higiene, vacunarse y tratar enfermedades crónicas como la diabetes son algunas de las prácticas que contribuyen a proteger el cerebro.
Además, los hábitos saludables como una dieta balanceada, ejercicio regular y estimulación cognitiva, también son fundamentales para mantener la función cerebral. Estos simples cambios pueden ayudar a mitigar los efectos negativos de las infecciones y reducir las probabilidades de desarrollar Alzheimer.











